Dos Historias; Óscar

     Para mi viajar solo era uno de los propósitos de este viaje. Más que viajar solo, quería aprender cómo hacerlo. Es algo que parece muy fácil y muy complicado al mismo tiempo. Sobre todo lo hacemos complicado nosotros mismos, con las limitaciones que nos ponemos y los miedos que dejamos que nos afecten, hasta tal punto que preferimos no salir de nuestra zona de confort, esa en la que nos sentimos muy protegidos. Pues al viajar solo, además de ampliar tu zona de confort hasta donde tú quieras, aprendes a valorar la compañía, a disfrutar de un paseo, y sobre todo aprendes a conocer gente.
Hay cantidad de personas que se atreven a viajar, a donde ellos quieren, y por supuesto no les importa no ir acompañados, simplemente tienen el deseo de conocer algún lugar y la soledad no se lo impide. En el viaje, me he encontrado con multitud de personas que estaban viajando en solitario, y las envidiaba por su valentía. Así que tras muchos días hablando de ello, por fin llegó el momento y desde Rotorura, tomé el autobús que me llevaría hasta Hastings, mi hogar durante los próximos 10 días. Había contactado con Sean, a través de la plataforma Workaway, y el trato era sencillo, yo le ayudaba unas 4 ó 5 horas al día y a cambio él me alojaba y me alimentaba, situación perfecta para un viajero que tiene tiempo de sobra para echar una mano. Se podría decir que Sean es un neozelandés medio, sencillo y con una vida tranquila. De unos 45 años, con hobbies como pilotar, hacer senderismo por las innumerables montañas de Nueva Zelanda, cazar, perder el tiempo en internet…… Vivía en el Aeródromo de Hastings, a unos 10 km de la ciudad. Me parecía muy interesante trabajar con Sean en su hangar. El ya me advirtió de que trabajaría con aviones y helicópteros, pero que no me emocionara mucho, que el trabajo no sería glamuroso y se debía realizar muy despacio y en ocasiones podía ser hasta aburrido. Pero cómo te vas a aburrir desatornillando un avión, o aunque simplemente sea limpiándolo? No creo que en toda mi vida vuelva a ver un avión como vi los dos que Sean tenía en su taller. Uno de ellos, estaba casi desmontado, porque tenía que comprobar todas y cada una de las piezas, ya que la semana siguiente se lo iba a alquilar a un joven que quería volar por la Isla Sur de Nueva Zelanda durante 3 meses. Esta parte es un poco triste, ya que ese joven que tenía la ilusión de volar 3 meses, lo hacía para cumplir el último sueño de su vida. Por desgracia le habían diagnosticado una enfermedad terminal, con lo que su tiempo para cumplir éste y todos sus sueños se estaba agotando. Aunque es muy triste cumplir un sueño cuando tu aliento está expirándose, debemos aprender la lección de quienes aún con todo en contra lo intentan. Si no persigues con ahínco cumplir tus ilusiones, éstas se quedaran en eso, ilusiones que tarde o temprano se habrán esfumado.
Pasé 10 días en casa de Sean, y muchas de las horas estuve solo y a veces un tanto aburrido, ya que como os he dicho a Sean le gustaba la tranquilidad y yo sin embargo, no puedo estar quieto. Mi forma de ser difiere tremendamente de la habitual de los Kiwis. Puedo deciros que hicimos buenas migas, nos contamos historias, y nos divertimos tomando unas cervezas, eso sí a las 21: 30 cada uno en su habitación ya que al día siguiente nos levantábamos a la misma hora que amanecía, cerca de la 7.

     Dos de los días que pase en el aeródromo, nos acompaño una joven canadiense de 22 años que viajaba en solitario. Se alojó con nosotros gracias a que Sean también es bastante activo en Couchsurfing. Es increíble, como una persona que vive en un Hangar a 10 Km de la ciudad, y que disfruta de la soledad, es capaz de recibir a multitud de personas en su casa, y tratarlas con hospitalidad. Gracias a estas dos plataformas, y a una mentalidad abierta, dispuesta a conocer gente de lo más diverso, nadie se puede sentir solo, simplemente tienes que abrir tu casa a un total desconocido. ¿¿ Os atrevéis?? O creéis que os van a robar, o que os van a hacer todo tipo de crueldades impensables. En mi opinión, y esto lo he aprendido desde el punto de vista de quien es hospedado, uno debe ser cauto, eligiendo a quien mete en su casa, pero lo normal es que esa persona a la que hospedas, esté tan agradecida que solo piense en cómo hacerte sentir bien, y como devolverte el gran favor que le estás haciendo, con lo que lo último que se le pasaría por la cabeza sería perjudicarte de cualquier manera. Sean me dijo, que en 6 años había recibido en su casa a más de 400 personas, os lo imagináis??? prácticamente siempre tiene a alguien con él que le echa una mano en el taller y le hace compañía, como digo es una manera perfecta de no estar solo, a no ser que tu lo desees.

Los días en el hangar pasaron con tranquilidad, cuando has estado tanto tiempo de aquí para allá, agradeces mucho dormir en la misma cama, desayunar en la misma cocina, y es increíble lo rápido que te habitúas y creas nuevas pautas de rutina, somos animales de costumbres. Además de ayudarle con el avión, le eche una mano en su jardín, como no…. Destrocé unas cuantas plantas de tomate que Sean quería reutilizar como abono, para plantar las hortalizas de invierno, y por supuesto pase un rato arrancando las malas hiervas, weeding que dicen los Kiwis. Pero la tarea que más me gusto, aunque al principio no le cogía el truco, fue trabajar con un torno, menuda máquina !!! Ya sé que para muchos es muy normal, ya que es una herramienta habitual en cantidad de talleres. Pero yo no había pisado un taller más que para pagar la factura de la revisión del coche…… así que con cautela y atención, aprendí las lecciones que Sean me enseñó, y después de varios intentos y unas cuantas horas con la máquina, por fin me hice con el control y conseguí acabar las piezas que Sean necesitaba, con una precisión milimétrica. Otra nueva cosa que he aprendido, no sé si me será útil en el futuro, pero me lo pasé genial.

Como no podía ser de otra manera, viviendo en un aeródromo y trabajando con aviones, Sean me llevo a dar un paseo con la avioneta roja, su favorita. Para él es como montar en coche, muy sencillo y cotidiano, pero para mí fue emocionante. El trayecto duro algo más de 20 minutos, y sobrevolamos la granja en la que estaba trabajando Cris, cerca del pico Te Mata. Una zona que nos recordó tanto a la comarca de los Hobbits que parecía que estábamos en una escena de la película. El paisaje era precioso, y poder contemplarlo desde el cielo en un día despejado, toda una experiencia difícil de repetir. Aterrizamos en la playa, al segundo intento, supongo que el primero sirvió para medir la distancia ?? El motivo por el cual Sean me llevo a la playa, fue porque quería calibrar su rifle, ya que tenía pensado ir a la montaña unos días, y de paso cazar algún incauto animal… Tras una media hora de práctica de tiro, volvimos a montarnos en el avión, y el despegue fue el más movido de todos los que he sido testigo en mi vida, a unos 10 metros por encima del mar, creía que nos caíamos, pero todo lo contrario, Sean me demostró que es tan diestro a los mandos de una avioneta como lo puedo ser yo al volante de mi coche. El viaje de vuelta se me hizo más corto que el de ida, y no pare de grabar todo con el móvil. No me fio mucho de mi memoria así que pensé que sería mejor tenerlo grabado y poder recordarlo así toda mi vida. En este enlace podéis ver algunos videos que hemos ido subiendo durante el viaje, entre ellos están uno del hangar en el que trabaje y otro del vuelo en avioneta.

Tras 10 días con Sean, puse rumbo hacia Napier, una ciudad que en el 1931 fue sacudida por un terremoto que la destruyo por completo. Gracias a la bonanza económica de la que Nueva Zelanda hacía gala en aquella época, la ciudad fue totalmente remodelada con la característica arquitectura de los años 30. La ciudad es muy peculiar, ya que toda la decoración es Art Deco, los ciudadanos se dejan llevar por esta moda, y realizan cantidad de actividades recreando los felices años 30, se lo pasan en grande.
Pase en Napier unos 5 días, que aproveché para pasear, comprar alguna cosilla en las tiendas, y organizarme por mi mismo todo el tiempo, acostumbrado a comprar en el súper con Cris, me costó un rato decidir que iba a prepararme para comer, es más difícil cuando tienes que cocinar solo para uno. Me lo pase muy bien, gracias a que estuve en un backpacker regentado por un tipo ingles al que le gustaba mucho pasar las noches en la terraza del hostal jugando con sus huéspedes drinking games. Aquí fue donde experimenté de primera mano como se viaja sólo. El primer día, prácticamente no conocí a nadie, ya que no salí a la terraza, no soy una persona especialmente tímida, pero la barrera del idioma es grande, y te avergüenza hablar con errores. Pero aprender una lengua es un proceso en el que equivocarte forma parte de la mejora, así que el segundo día me decidí a entablar conversación, y vaya si lo hice. Pasado un rato dejas de pensar en los fallos que puedas tener, y simplemente te relajas y hablas. Mi nivel de inglés ha mejorado bastante con el transcurrir del viaje, y sobretodo he dejado de tener vergüenza y cada día lo práctico, por supuesto cometo errores, pero poco a poco voy mejorando.

Me gustó tanto el Hostal, que alargué mi estancia un día más, fatídico día en el que volvía a retomar el mal hábito de fumar. Desde que llegué a Nueva Zelanda había conseguido retener mis ansias por encenderme un cigarrillo. Por supuesto había ayudado muchísimo el precio del tabaco, 38 $ por un paquete de 30 gramos de tabaco de liar, que al cambio son unos 23 euros !!!!!! Es una locura, pero hecha con buena intención, no solo con afán recaudatorio, que también. El plan del gobierno Neozelandés es que en 2020, el país sea el primero en el mundo libre de humo, y para ello llevan unos cuantos años incrementando el impuesto sobre el tabaco en un 10 %. Su intención es que el precio alcance un nivel prohibitivo para todo el mundo, de manera que nadie se lo pueda permitir. Puedes comprar tabaco en los supermercados, pero está prohibido por ley que los paquetes estén expuestos, por lo que tienes que pedir tu marca y previa comprobación que eres mayor de 18 años te lo venden. Si aparentas 25 años o menos, te piden identificación. Un supervisor se acerca a la caja en la que vas a pagar, y de una ojeada decide si eres mayor o menor de 25, como no parezco tan jovenzuelo nunca he tenido que enseñar mi pasaporte, que por cierto nunca llevo encima, sin embargo Cris un día no pudo comprar unas cervezas porque no llevaba el pasaporte original.
Con satisfacción por haber conseguido uno de mis objetivos, y con ganas de volver a probar la experiencia de viajar en solitario, abandoné Napier con dirección a la granja en la que Cristina estaba trabajando hacía dos semanas. El lugar le gustó tanto que decidimos reencontrarnos allí y alargar una semana la estancia. Fue una experiencia muy buena y cercana a la agricultura orgánica y biodinámica. Pero esta parte os la tiene que contar ella, ya que es su historia.

Un abrazo de un pato que se mareó dos semanas en solitario.

 

 

 

 

 

 

El avion en el que trabajamos

Un helicoptero muy chulo Bonito atardecer

Esto ayudo a divertirnos El torno Este fue el resultado de mi trabajo. La avioneta roja 20140323_100104 Trabajando en la avioneta Mas pruebas Prueba de tiro en la playa Uno de los muchos vinedos de Hastings Mi habitacionAtardece en el aerodromo de Hastings

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Una respuesta a “Dos Historias; Óscar

  1. Despues de esto, de esta vivencia, de estas experiencias ¿ que se puede decir de estos dos patos mareados? animo , sois jóvenes, teneis mucha vida “nueva de experiencia” y os envidio a la misma vez que os animo a continuar el camino

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